
Julio Rivas Rivas es operador experto en la Fundición Caletones en el área de Refinado y Moldeo. Próximo a cumplir 20 años en El Teniente, participa en la etapa que transforma el cobre refinado en ánodos y se coordina con su equipo para realizar este proceso con calidad y seguridad.
Soy mecánico industrial y antes de ingresar a Codelco trabajé como contratista acá mismo, en Caletones, desempeñándome como soldador de estructuras. Entre 2006 y 2007 se abrió un proceso público de postulación y quedé seleccionado, trabajando en el sector de Refinado. Cuando llegué todavía manipulábamos los lingotes de manera manual y con el tiempo ese producto se eliminó y comenzamos a dedicarnos exclusivamente al moldeo de los ánodos que producimos actualmente.
Nuestro trabajo comienza una vez que el cobre ya fue refinado en el horno. Desde ese momento nos encargamos de operar la rueda de moldeo para darle forma al ánodo y controlar que salga con las dimensiones y los parámetros requeridos.
Para hacerlo bien hay que conocer muy bien el equipo y entender su funcionamiento eléctrico, mecánico e hidráulico. Somos seis personas, cada una con una función determinada, y debemos estar muy coordinados. Aunque existe alguien que guía el proceso, al final el producto lo logramos entre todos.
La parte más bonita es cuando vemos salir el camión con los ánodos y sabemos que cumplen con las medidas y los parámetros solicitados. Para mí, ese momento es la culminación de todo el trabajo que realizamos durante el moldeo.
Da mucha satisfacción ver el producto terminado, porque detrás de cada ánodo existe el trabajo coordinado de todo el equipo. Saber que estamos entregando un producto de buena calidad es lo que más me gusta de esta labor.
Antes de iniciar cada moldeo nos reunimos y conversamos para saber cómo llega cada integrante del equipo. Tenemos que conocer las condiciones en las que estamos, porque trabajamos directamente con cobre fundido, el riesgo es alto y necesitamos mantener la concentración al cien por ciento.
Esa conversación previa es muy importante. No se trata solamente de revisar el trabajo que vamos a realizar, sino también de mirarnos, escucharnos y confirmar que todos estemos realmente en condiciones de comenzar.
Creo que la mejor motivación en seguridad es la familia. Todos los días debemos recordar que alguien nos espera y que tenemos que volver sanos a casa. Nosotros ponemos a nuestras familias como prioridad antes de comenzar el trabajo, porque pensar en ellas nos ayuda a tomar conciencia de por qué debemos cuidarnos.
No sé si puede existir una motivación más grande que esa: terminar bien la jornada y regresar a encontrarnos con quienes nos esperan.
Mi compromiso es cuidar a mi equipo y preocuparme personalmente por las condiciones en las que llega cada integrante. Si veo que uno de mis compañeros está enfermo, decaído o atravesando alguna situación que pueda afectarlo, voy a conversar con él y seré la cara visible ante la jefatura.
Como operador experto también tengo la responsabilidad de conocer a mi equipo y estar atento a lo que le ocurre. Mi compromiso siempre será con las personas que trabajan junto a mí.